lunes, 5 de mayo de 2014

4 sistemas diferentes ¿tú decides?

Todos hemos pasado por diversidad de aulas, también como no de docentes. Eso nos enriquece a pesar de que alguna vez no hayamos caído "en gracia" con un maestro o profesor o que algún maestro o profesor no haya tenido "ni gracia" enseñando; de todo hay como en botica. Aun así sigo pensando que eso nos enriquece y como digo, aprendemos a pesar de los maestros y/o con su ayuda.
Desde hace algunos años, viendo a diversidad de maestros en distintos centros en mi época de maestro de P.T. o de apoyo, he ido madurando sobre la diversidad de formas de enseñar y sobre las diferentes formas de organizar el trabajo en las aulas; el cómo organizamos a los alumnos, la tarea y el proceso en sí, es un factor determinante en la educación de los alumnos. También para el bienestar y satisfacción mía como docente.
Creo que en el equilibrio está la esencia, obvio. Sin embargo, hoy en día, a la vista de como nos van las cosas dentro y fuera de la escuela, cada vez me decanto más por estructuras de aprendizaje activo y con un matiz claramente cooperativo. La vida creo que nos lo demanda. A este respecto alguna que otra compañera de profesión me ha ilustrado con su buen hacer, ahora unas en la distancia y otras en la cercanía. Gracias por siempre pues en ello seguimos aprendiendo y en ello estamos.
Así, a la hora de trabajar en el aula son diversas las opciones que podemos tomar en cuanto a cómo organizar la dinámica. En este texto de Pere Pujolás se recogen cuatro ideas básicas o sistemas diferentes que nos ilustran y nos hacen reflexionar.

El maestro, la profesora de geografía y el profesor de latín

de: Pere Pujolás (2008). 9 ideas clave: El aprendizaje cooperativo. Barcelona. Graó

En la escuela de mi pueblo, durante mi infancia (en los años cincuenta) sólo había dos clases - una para los niños y otra para las niñas - y dos profesores – un maestro para los niños y una maestra para las niñas. A ellas acudían todos los niños y niñas del pueblo, de los seis hasta los doce o trece años. En ambas clases había, evidentemente, mucha diversidad y era muy difícil que el maestro o la maestra pudiera atender eficazmente a todo el alumnado. Sin embargo, recuerdo que tuve un maestro -un buen maestro, por cierto- que había organizado la clase de tal forma que todos los alumnos siempre tenían algo que hacer. Mientras explicaba la lección a unos, los demás hacían algún trabajo individual. Cuando uno acababa su trabajo, el maestro le enviaba a hacer leer a alguno de los más pequeños o a ayudar a un compañero que no sabía hacer algo. 
Poco antes de cumplir once años (faltaban unos días...) hice el examen de ingreso al bachillerato elemental de entonces. Allí tuve a una profesora - muy dinámica, por cierto - que, para que aprendiéramos de memoria los nombres de ríos, montañas, capitales, provincias, etc., había dividido el grupo clase en diferentes equipos y de vez en cuando organizaba un torneo en el que competíamos para saber qué equipo respondía mejor a sus preguntas. Dentro de cada equipo los alumnos podíamos ayudarnos y cada uno se "especializaba" en un tema: uno en ríos, otro en montañas, otro en provincias..., aunque, evidentemente, el examen final era individual y todos debíamos saberlo todo.
También tuve a otro profesor, el de latín - muy estricto, por cierto - que cada semana dividía la clase en dos grupos y nos hacía sentar en dos largos bancos, situados uno frente al otro. Una vez sentados, hacía una pregunta al primero de uno de los bancos (rosa, rosae...) ; si no sabía la respuesta, preguntaba al segundo y, si éste respondía correctamente, "adelantaba" al primero. A continuación preguntaba al primero del segundo banco (amare: presente de indicativo...). Y después se dirigía al primer banco, y preguntaba al siguiente... Y así sucesivamente hasta que había preguntado a todos los alumnos. Siempre que algún alumno no sabía la respuesta, preguntaba al siguiente, o al siguiente, hasta que uno daba la respuesta correcta y pasaba delante de todos los que no habían sabido responder... Finalizada la sesión, se escribía en en cada extremo de la pizarra la "clasificación" de cada uno de los bancos, y ésta determinaba la colocación de los alumnos en cada banco en la siguiente sesión.
De todas formas, tengo que decir que la mayoría de los profesores y profesoras del instituto no hacían nada especial. Más o menos, en todas sus clases seguían esta secuencia: al iniciar la clase preguntaban aleatoriamente a algunos alumnos la lección o los ejercicios del día anterior; seguidamente explicaban una nueva lección, o cómo resolver algunos ejercicios, ponían algún ejemplo, hacíamos algún ejercicio (cada uno sentado en su sitio sin poder hablar ni consultar con los demás compañeros) mientras el profesor resolvía las posibles dudas de algún alumno, y señalaban los ejercicios o temas que teníamos que hacer o estudiar para el próximo día de clase. De vez en cuando ponían un examen de las lecciones que ya habíamos hecho -algunas veces, incluso, sin avisar, sobre todo cuando nos habíamos portado mal-. También había un examen trimestral y otro final, durante el mes de junio.
Bastante tiempo más tarde he descubierto -expresado con palabras más técnicas- que el maestro de la escuela de mi pueblo había organizado el trabajo en el aula de forma cooperativa, la profesora de geografía utilizaba una estrategia en la que había cooperación intragrupal y competencia intergrupal, el profesor de latín había optado por una organización social de su aula claramente competitiva y, finalmente, la organización social del aula del resto de profesores y profesoras era visiblemente individualista. Es decir, cada uno de ellos utilizaba una estructura de aprendizaje distinta.
Los compañeros de Conecta13 nos dejan un cuestionario interesante para incitar a reflexionar sobre ello, es el Cuestionario de autoevaluación de prácticas cooperativas.
Aquí os dejo las cuestiones sobre las que nos hacen reflexionar para que tomemos conciencia de nuestra gestión del aula.
  • El trabajo en tu clase se organiza en grupos de 2 y 7 alumnos.
  • Comienzas por parejas para crecer luego hacia cuartetos y agrupamientos mayores.
  • Hay un objetivo común para cada grupo de estudiantes.
  • Trabajas el desarrollo interpersonal y grupal además de los propios contenidos.
  • Los grupos se organizan de manera heterogénea (sexo, niveles de rendimiento, interés, diversidad...)
  • En los grupos los alumnos se necesitan para llegar a una meta común.
  • El trabajo en grupo y el trabajo individual se complementan.
  • Cada miembro del grupo tiene información o tareas complementarias que aportar al grupo.
  • Se evalúa tanto a los estudiantes individualmente como al grupo en conjunto.
  • Se evalúa el trabajo realizado pero también el funcionamiento del grupo como equipo de trabajo.
  • El aprendizaje cooperativo se usa para cualquier tipo de contenido y actividad (búsquedas de información, creación de un producto, evaluación...).  

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